Mujeres que sueñan: las mujeres de Tomasz Stańko

Por Mónica Morales

I sometimes dream of situations that can’t possibly come true.

W. S.

Para quienes seguimos con fervor religioso el trabajo de Tomasz Stańko, no resultará en absoluto novedoso —en este punto— hablar de “Wislawa” (2013), su más reciente producción discográfica bajo el sello que se ha convertido en su hogar, ECM; y donde se hace acompañar por un nuevo equipo de músicos, configurado en un espléndido cuarteto neoyorquino.

El disco doble, que reúne 12 tracks, según afirma el mismo Stańko, surge de la lectura de la obra de la poeta y ensayista polaca, Premio Nobel de Literatura 1996. Interactuar con ella, continúa, es precisamente lo que da impulso a esta producción. Luego de la muerte de Szymborska, el primero de febrero del 2012, nuestro trompetista dedica la grabación de junio del mismo año, respetuosamente a su memoria.

Y es, en este caso, justo la interacción músico-poeta, de la que habla Stańko, uno de los puntos centrales de esto que ahora Ud., amable lector, tiene en frente. Confieso que el título del texto, así pudiera sonar sensacionalista, busca con-jugar la naturaleza del vínculo que pude encontrar en la música del compositor polaco y dos mujeres de tiempos y espacios distintos que, sin embargo, cruzaron trayectorias con la obra de este grande del jazz, en el 2009.

Dejaré a Wislawa, con su lenguaje simple, su humor vedado y entusiasmo pesimista, de lado por un momento, para atender el segundo caso. Imaginémonos en Viena, el año: 1909. Oskar Kokoschka (1886-1980), pintor y poeta, con apenas 23 años, concluía su obra Martha Hirsch (Dreaming Woman), seguramente por encargo de su mecenas Adolf Loos. El retrato de esta mujer llega hasta nuestros días como uno de los ejemplos mejor acabados de este expresionista austriaco, que buscaba captar una imagen mental de sus personajes; algún rasgo en el rostro, un indicio sutil en la mirada que, por imperceptible, delatara el universo emocional que se lleva dentro. Y así lo hizo con Martha. Colores débiles y delicadas líneas finas reflejan la condición frágil de este personaje de ojos grandes y profundos que, vulnerables, evaden el contacto visual y se posan en la distancia. Esos ojos oscuros, precisamente, a los que Tomasz Stańko cien años después dedicara la composición principal de su disco “Dark eyes”.

Pero, ¿quién era Martha Hirsch? Quisiera ofrecerles datos precisos pero, más allá de la lectura que Kokoschka hiciera en su retrato, no he logrado rastrear al personaje y su historia. Podemos imaginar el contexto, el auge cultural de Viena como capital del imperio austro-húngaro bajo el mandato de Francisco José I; con el siglo XX en sus primeros trazos, entre valses y vanguardias nacientes, bajo la mirada azul del Danubio. Sin adivinar los horrores, aún, de la Primera Guerra Mundial. Esos fueron los días de Martha Hirsch, ese su tiempo. En ese mundo, su fragilidad; sus ojos oscuros. Ojos que algo supieron contar a Stańko un siglo después. Desde otro tiempo, con su ensamble de cinco hombres en el 2009, el polaco nos cuenta todo aquello que encontró en la mirada frágil de una mujer; en los ojos de Martha.

Ese mismo año Wislawa Szymborska, su compatriota, con casi veinte años de ventaja andando el mundo, publica su libro de poemas “Tutaj” (Here). Tomasz Stańko, sin más recursos que trompeta y genialidad, acompaña a la Nobel polaca en una presentación/lectura/concierto, ofrecido en el majestuoso Opera Krakowska, de Cracovia. A la lectura afable, cotidiana, a manera de charla con el público, de la octogenaria Szymborska; la trompeta de Stańko respondía, sin prisa ni artificios, íntima como cada palabra en el poema. Dos voces, desde la poesía y la música, en diálogo, a la manera de ancestros sabios y gentiles… ¡qué delicia!

Poco supieron entonces, trompetista y poeta —o quizá sí—, que “Tutaj” significaba la publicación final de Wislawa, el cierre a su trayectoria poética, a sus andares por el mundo. O bien, quizá, en su diálogo iba implícita la despedida de dos grandes genios polacos. Un amable “hasta luego”, “hasta otra vida”. Hay tanto que no dijeron las páginas oficiales; que nuestro entendimiento burdo no logra siquiera atisbar, de lo sucedido esa noche del 2009. Sin embargo, tras la muerte de Szymborska, el músico y cómplice le ofrece tremenda ofrenda sonora: un soundtrack que acompañe sus andanzas, ahora desde otro plano, quizá, el de la memoria.

Si tuviera la suerte de cruzarme con Tomasz Stańko un día cualquiera; si me fuera posible contener la euforia de estar en su presencia, le pediría que me hablara de ellas: Martha y Wislawa. Podría entonces asomarme un poco a ese 2009 cuando, desde distintos tiempos, espacios y disciplinas del arte, estos tres seres coincidieron. Claro, yo también sueño “situaciones que posiblemente no se hagan realidad”, pero sueño al fin.

Para escuchar “Wislawa“: acá.

 

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