Oda a una noche de piano

Por Mónica Morales

Soy fan de las palabras. Me provocan una fascinación que muchas veces raya en la euforia. Sin embargo, entiendo que existen otras formas de lenguaje más cercanas —íntimas—, que tienen que ver con los propios ritmos del cuerpo: la respiración, los latidos, el fluir de la sangre.
Algo del propio ritmo de esta materia que somos se acomoda con la música, así, tan natural; algo por dentro nos baila, nos arranca lo mismo suspiros que tarareos o, al menos, nos planta una sonrisa en los labios.

Eso me parece.
Sirva lo anterior para introducir una serie de poemas que nacieron, sí, de un concierto: Tigran Hamasyan y su piano. Algo más allá de la experiencia auditiva, se convierte en palabras; tengo así, de alguna manera, reunidas múltiples posibilidades de placer… y éso es más de lo que una puede pedir.

 

I

Las palabras son caminos

rutas sin mapa o guión preestablecido

sendero gozoso

Las palabras conducen

es importante               sin embargo

estar atento a la salida.

II

La noche prometida              llega.

¿O, acaso, somos nosotros mismos

—anhelada promesa—

 quienes llegamos a ella?

III

Piano al centro de la noche:

[contener el aliento

hasta escuchar la primera nota]

el cuerpo entero en la mirada                 vuela

el cuerpo entero                                       en ondas de luz

hasta la superficie

que imaginamos cálida

el silencio nos delata            lo sabemos:

por una noche             ese piano

es el centro del universo.

IV

Sonido que envuelve

y atraviesa

Un hombre se vuelca entero a sus manos

y de sus manos

el sonido

es.

V

Nadie lo sabe

[o acaso el mundo entero]

en un rincón de la noche

[que pudiera ser cualquiera, pero no]

un piano

a su antojo

nos hace latir.

VI

El sonido de un piano brinda la certeza:

hondo

profundo

respiramos.

VII

Piano intervenido

vísceras artificiales expuestas

se deja tocar.

VIII

No soy yo la que tiembla

no eres tú

es la noche entera

y nosotros con ella.

IX

Embestida infame

intensa

constante

in

ter

mi

na

ble

hombre                         noche                            piano

miradas                         testigos                         cómplices

algo de pureza

se ha perdido.

 

X

El paréntesis se cierra                   lo sabemos:

esta noche vuelve a ser la misma

las anteriores

las futuras

pero estuvimos ahí

el  sonido

nos brilla en la sonrisa

y en la piel

nos sonroja el  recuerdo.

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