Tord Gustavsen y el erotismo dialéctico… de la vida

Por Mónica Morales

 

Descubrí a Tord Gustavsen, ya avanzado el 2011, gracias a uno de esos buenos amigos que aparecen en tu vida justo para llenarte los oídos de música. “Changing places” (ECM, 2003), debut del noruego y su trío, me atrapó de inmediato. Me encontré, sin mayor dificultad, flotando en esa sofisticada sensualidad; sumergida en el embeleso del diálogo sutil —sin aspavientos, ni arranques de alarde—, entre el piano de Gustavsen, la batería de Vespestad y el bajo de Johnsen.

Proclive, como soy, a las ejecuciones de piano; a la seductora simetría en blanco y negro de su cuerpo; confieso que a Tord no le tomó más de una vuelta entera al disco para tenerme rendida, sin remedio, a la sonora voluntad de sus manos. Poco supe entonces de las maravillas teóricas que este pianista guardaba bajo la manga.

Sí, este prodigio noruego de la naturaleza, además de exquisito pianista, ha desarrollado una carrera académica en musicología, en la Universidad de Oslo. En el ensayo “The Dialectical Eroticism of Improvisation”, Gustavsen presenta el resumen de los postulados que aborda a profundidad en su tesis. ¡No puedo siquiera aproximarme a describir el regocijo que sentí de saber que compartimos bibliografía! Que los mismos textos en mis libreros (Mind, Self and Society de Mead, o The Social Construction of Reality de Berger y Luckmann, por ejemplo), le acompañaron en su proceso académico. Aún sonrío.

Gustavsen se aproxima a las tensiones y dilemas que afrontan los músicos en la práctica y vivencia de la improvisación. Lo anterior, al cobijo teórico de la psicología dialéctica y la fenomenología, además de otras propuestas importantes del ámbito de la música. Plantea, también, la analogía entre improvisación y la noción de lujuria que puede aportar la sexología. Propone a sus colegas poner en práctica el estar “dentro” de la música mientras se escucha desde “afuera”, en una presencia dialógica íntima. Y, por si fuera poco (disculpen ustedes mi emoción), recupera los conceptos de continuidad y discontinuidad del clásico “Erotismo” de Bataille, para explicar los campos de tensión entre la improvisación musical devota y el erotismo. En resumen, desarrolla su ensayo para recordarle a la musicología la importancia de enfocarse en el concepto husserliano del Lebenswelt del improvisador en el acto mismo de improvisar.

Para deleite de sus escuchas, Tord Gustavsen ha continuado su productiva carrera discográfica con varias producciones en su haber. Justo en 2014 estrena su nuevo material, “Extended Circle”. ECM ofrece una muestra aquí.

En fin, no pretendía convertir este texto en una apología erótica gustavsiana, pero creo que, por momentos, me ganó la euforia. Sin pretensión de justificarme, pero sí, diré a mi favor que la euforia tiene fundamentos válidos. Y que Tord se ha ganado a pulso mis fervores, en tanto músico que continuamente busca explorar nuevos géneros, desarrollar su propio lenguaje musical y comunicar su obra de la manera más honesta posible. 

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